Páginas

Translator

domingo, 10 de noviembre de 2013

Ladies and gentleman... Ni contigo ni sin ti

Qué poco nos soportamos a veces y cuántas otras nos necesitamos y echamos de menos. Va a ser verdad que somos tan parecidos en unas cosas como distintos en otras y que, todo aquello que nos distancia en comportamiento, en el fondo nos aproxima en pensamiento y nos une en interés. Nos encanta quejarnos y despotricar de las diferencias y discrepancias del sexo contrario, probablemente para ocultar las nuestras e intentar defenderlas a capa y espada… Cómo si fuésemos mejores los unos que los otros… ¡Já! Somos igual de contradictorios entre cabeza y corazón y mejores cuando nos juntamos y nos entendemos, o cuando intentamos hacerlo. No podemos vivir los unos sin los otros porque somos nuestro complemento, como se suele decir. Nos sacamos tan de quicio como de vicio; lo mejor de nosotros mismos en un momento dado y los vete lejos pero no tanto como para no poder encontrarte de nuevo.

Hombres… De los hombres decimos que pasamos de ellos y tan solo hacemos ver que lo creemos. Despistados por excelencia y mujeriegos por vocación, os criticamos por vagos, desordenados, despiadados, pasotas, descuidados y mentirosos. Poco cariñosos y menos detallistas en cuanto a actuación, demostráis nula paciencia y ni pizca de intención en comprensión. Mujeres… De nosotras opináis que somos más raras que un perro verde, más verdes de lo que solemos hacer ver y que hacemos ver que somos simples pero nada que ver. Plastas con frecuencia y mandonas por inercia, nos regaláis joyitas como etiquetas por repetitivas, perfeccionistas, restrictivas, celosas y calientapó. Controladoras por definición y con dudosa autoestima, fuertes de carácter y débiles en decisión.

Con esta lista y tanto amor no sé si siempre nos deseamos, pero indiferencia no nos causamos. Aunque, como también se dice que lo malo también tiene su lado bueno, cuando se sabe ver lo bueno, sale lo mejor y contrarresta todo ese odio que, más que eso, es concreto y puntual rencor. Porque, ¡ai cuánto daño nos han hecho! pero no veas cuánto bien nos queda por tener. Hay cosas que, por masculinas que seamos nosotras, solo un hombre podría aportarnos y, otras que, por afeminados que lleguéis a ser vosotros, solo una mujer puede mostraros.  Y es así como, en ausencia del sexo opuesto, todos somos la mitad de lo que podríamos llegar a ser. Incluso el solitario pastor se junta con alguna oveja y la monja de clausura se reúne cada noche con Dios. Nos buscamos… a veces las cosquillas, pero nos buscamos… y, a modo de polos opuestos, creamos el fenómeno atracción.

A veces no nos entendemos, es cierto. Entre sexos a veces no nos entendemos pero porque tampoco nos esforzamos en ello. Vamos a lo fácil, a reiterar topicazos: “Es que somos tan distintos…”, “Es que sois tan raros/as…”, “¡No hay quién os entienda!” Acabamos creando, de una mentira, una verdad y, de casos concretos, generalizaciones estúpidas… Sin embargo, al final, tenemos que acabar reconociendo que nos amamos. Porque es verdad, nos llevamos como el perro y el gato y vivimos en el constante amor-odio del “contigo pero sin ti”… pero ya se sabe que, en esos casos, podemos traducir el “contigo” desde el lado plasta de la mujer y el “sin ti” desde el mentiroso del hombre, por ejemplo. Tenemos que aprender a interpretar nuestros códigos y, conseguido eso, conseguido todo el resto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario