Cuando era más pequeña, recuerdo que imaginaba que, cuando fuese más
mayor, tendría novio, viviría con él, me casaría y tendría hijos. Conforme fui
creciendo, fui entendiendo que la historia del príncipe azul y su amada era un
cuento que no muchas veces se hacía realidad en mi generación, al menos no
desde tan jóvenes e inexpertos. De hecho, a medida que empezaba a madurar y a
raíz de varias experiencias, comprendí que lo mejor era empezar a vivir
creyendo en la historia inversa. Desde ese punto de vista es mucho más fácil
ceñirse a que todo lo que venga, bienvenido sea y que, todo lo que no venga,
que al menos no suponga un síntoma de trauma. Del mismo modo que otras veces he
escrito sobre la repulsa al compromiso, esta vez lo hago sobre el polo opuesto,
sobre el temor de algunas personas a la soltería.
Una cosa es que nos agrade dar y recibir amor o sentirnos queridos y otra distinta es ir en su búsqueda.
A menudo, cuando las cosas se buscan es cuando menos se encuentran y, obviamente,
lo que no es forzado sabe mucho mejor. Toparse con el amor es estupendo, no tengo duda, sin embargo, buscar el amor, muchas veces significa perseguir una
dependencia o bien buscar un parche a una etapa desinflada o falta de cariño. Muchas
personas centran el amor en sus vidas de manera que en el momento en que no lo
tienen se sienten profundamente frustradas. Unas lo reconocen, otras no y otras
se pasan la vida lamentándolo pero, sea como sea, la mayoría de estas no han
aprendido a vivir sin depender de alguien. El estado de ánimo con el que
afrontan cualquier día deja caer el peso sobre la actuación de esa persona con
la que les gustaría estar o depende en excesivo de no tener, hoy, alguien con
quien dormir.
Algunos prefieren besar el romanticismo a través de unos labios algo vacíos día tras día y, otros, prefieren besar con convencimiento aunque sea de manera menos asidua. Sinceramente, la primera opción me parece un sinvivir. Está claro que es algo que nos influye y que, que esa persona a quien deseamos pase de nosotros o bien nos muestre atención, va a repercutir de alguna manera u otra en nuestras emociones. Sin embargo, lo que no es ni sensato ni sano es entregar las riendas de nuestro estado de ánimo a una persona, al fin y al cabo, ajena. ¡Como si no tuviésemos otras cosas que hacer y se acabase el mundo por ello! Se puede sentir tristeza, pero también debe dejarse que otros ámbitos de la vida llamen nuestra atención del mismo modo y puedan llegar a satisfacernos de otras formas. Nuestro estado de ánimo, podamos ejercer más o menos control sobre él, nos pertenece y es lo que nos impulsa a vivir. Y, sin vitalidad, probablemente nadie vaya a querer estar con nosotros. Obviando eso es como empieza el bucle depresivo de las personas amorosodependientes a quienes, no tener pareja, resulta un vacío en el autoestima.
Algunos prefieren besar el romanticismo a través de unos labios algo vacíos día tras día y, otros, prefieren besar con convencimiento aunque sea de manera menos asidua. Sinceramente, la primera opción me parece un sinvivir. Está claro que es algo que nos influye y que, que esa persona a quien deseamos pase de nosotros o bien nos muestre atención, va a repercutir de alguna manera u otra en nuestras emociones. Sin embargo, lo que no es ni sensato ni sano es entregar las riendas de nuestro estado de ánimo a una persona, al fin y al cabo, ajena. ¡Como si no tuviésemos otras cosas que hacer y se acabase el mundo por ello! Se puede sentir tristeza, pero también debe dejarse que otros ámbitos de la vida llamen nuestra atención del mismo modo y puedan llegar a satisfacernos de otras formas. Nuestro estado de ánimo, podamos ejercer más o menos control sobre él, nos pertenece y es lo que nos impulsa a vivir. Y, sin vitalidad, probablemente nadie vaya a querer estar con nosotros. Obviando eso es como empieza el bucle depresivo de las personas amorosodependientes a quienes, no tener pareja, resulta un vacío en el autoestima.
Observar ese tipo de actuaciones desde fuera en repetidas ocasiones y
negarme a comprender los motivos de personas permanentemente tristes por no
encontrar el amor, hizo que me volviese adversa a esa finalidad, como
principal, en la vida. Por muy pasional que se pueda ser, creo que vivir
condenado a depender de ello es elegir un modo de vida torturador. Dejarse
llevar significa arriesgar, depender, sin embargo, conlleva restringir y
anular. Al fin y al cabo, ni es algo que dependa únicamente de nosotros mismos
ni la atracción o la química con otros es algo sobre lo que podamos ejercer el
control. Por tanto, centrando el amor en nuestras vidas, creo que estaremos
destinados a sufrir más por él que estar expuestos y dispuestos a disfrutarlo.
No creo que ser soltero tenga que llegar a suponer una frustración ni
mucho menos un problema y me gustaría que aquellos que
están en esa situación y se sienten desgraciados cambiasen el chip por su bien. Es cierto que muchas
veces se echa de menos esa complicidad algo más estable con alguien pero, ya se
sabe, a menudo se quiere lo que no se tiene. A fin de cuentas, algunos acaban
añorando la soltería… ¡sus cosas buenas tendrá! Y es que, supongo, que cambiar
de estado es algo que, si se hace, debe hacerse para sentirse igual de bien o
mejor. Por eso, lo mejor que podemos hacer es intentar aprovechar al máximo ese
estado en el que en este momento nos encontremos porque seguramente no será el peor. Hasta que cambie, si lo hace.
Al final, como suele decirse, encontraremos la fortaleza y el éxito
suficiente cuando hayamos aprendido a estar bien antes con nosotros mismos que
con otra persona. Si dejamos que todo surja de manera más fortuita que añorada
quizás nos sorprenda antes de lo que pensamos y no tengamos que arriesgarnos a
buscar sin, quizás, llegar a encontrar. Sentirse soltero y entero puede ser la
solución a muchas depresiones y, aunque al principio pueda asustar, puede
suponer un refuerzo a la hora de compartir con alguien un bienestar personal
que aprendió antes a sentirse a gusto en soledad que acompañado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario