Páginas

Translator

martes, 14 de mayo de 2013

Soltero y entero



Cuando era más pequeña, recuerdo que imaginaba que, cuando fuese más mayor, tendría novio, viviría con él, me casaría y tendría hijos. Conforme fui creciendo, fui entendiendo que la historia del príncipe azul y su amada era un cuento que no muchas veces se hacía realidad en mi generación, al menos no desde tan jóvenes e inexpertos. De hecho, a medida que empezaba a madurar y a raíz de varias experiencias, comprendí que lo mejor era empezar a vivir creyendo en la historia inversa. Desde ese punto de vista es mucho más fácil ceñirse a que todo lo que venga, bienvenido sea y que, todo lo que no venga, que al menos no suponga un síntoma de trauma. Del mismo modo que otras veces he escrito sobre la repulsa al compromiso, esta vez lo hago sobre el polo opuesto, sobre el temor de algunas personas a la soltería.

Una cosa es que nos agrade dar y recibir amor o sentirnos  queridos y otra distinta es ir en su búsqueda. A menudo, cuando las cosas se buscan es cuando menos se encuentran y, obviamente, lo que no es forzado sabe mucho mejor. Toparse con el amor es estupendo, no tengo duda, sin embargo, buscar el amor, muchas veces significa perseguir una dependencia o bien buscar un parche a una etapa desinflada o falta de cariño. Muchas personas centran el amor en sus vidas de manera que en el momento en que no lo tienen se sienten profundamente frustradas. Unas lo reconocen, otras no y otras se pasan la vida lamentándolo pero, sea como sea, la mayoría de estas no han aprendido a vivir sin depender de alguien. El estado de ánimo con el que afrontan cualquier día deja caer el peso sobre la actuación de esa persona con la que les gustaría estar o depende en excesivo de no tener, hoy, alguien con quien dormir. 

Algunos prefieren besar el romanticismo a través de unos labios algo vacíos día tras día y, otros, prefieren besar con convencimiento aunque sea de manera menos asidua. Sinceramente, la primera opción me parece un sinvivir. Está claro que es algo que nos influye y que, que esa persona a quien deseamos pase de nosotros o bien nos muestre atención, va a repercutir de alguna manera u otra en nuestras emociones. Sin embargo, lo que no es ni sensato ni sano es entregar las riendas de nuestro estado de ánimo a una persona, al fin y al cabo, ajena. ¡Como si no tuviésemos otras cosas que hacer y se acabase el mundo por ello! Se puede sentir tristeza, pero también debe dejarse que otros ámbitos de la vida llamen nuestra atención del mismo modo y puedan llegar a satisfacernos de otras formas. Nuestro estado de ánimo, podamos ejercer más o menos control sobre él, nos pertenece y es lo que nos impulsa a vivir. Y, sin vitalidad, probablemente nadie vaya a querer estar con nosotros. Obviando eso es como empieza el bucle depresivo de las personas amorosodependientes a quienes, no tener pareja, resulta un vacío en el autoestima.

Observar ese tipo de actuaciones desde fuera en repetidas ocasiones y negarme a comprender los motivos de personas permanentemente tristes por no encontrar el amor, hizo que me volviese adversa a esa finalidad, como principal, en la vida. Por muy pasional que se pueda ser, creo que vivir condenado a depender de ello es elegir un modo de vida torturador. Dejarse llevar significa arriesgar, depender, sin embargo, conlleva restringir y anular. Al fin y al cabo, ni es algo que dependa únicamente de nosotros mismos ni la atracción o la química con otros es algo sobre lo que podamos ejercer el control. Por tanto, centrando el amor en nuestras vidas, creo que estaremos destinados a sufrir más por él que estar expuestos y dispuestos a disfrutarlo.

No creo que ser soltero tenga que llegar a suponer una frustración ni mucho menos un problema y me gustaría que aquellos que están en esa situación y se sienten desgraciados cambiasen el chip por su bien. Es cierto que muchas veces se echa de menos esa complicidad algo más estable con alguien pero, ya se sabe, a menudo se quiere lo que no se tiene. A fin de cuentas, algunos acaban añorando la soltería… ¡sus cosas buenas tendrá! Y es que, supongo, que cambiar de estado es algo que, si se hace, debe hacerse para sentirse igual de bien o mejor. Por eso, lo mejor que podemos hacer es intentar aprovechar al máximo ese estado en el que en este momento nos encontremos porque seguramente no será el peor. Hasta que cambie, si lo hace.

Al final, como suele decirse, encontraremos la fortaleza y el éxito suficiente cuando hayamos aprendido a estar bien antes con nosotros mismos que con otra persona. Si dejamos que todo surja de manera más fortuita que añorada quizás nos sorprenda antes de lo que pensamos y no tengamos que arriesgarnos a buscar sin, quizás, llegar a encontrar. Sentirse soltero y entero puede ser la solución a muchas depresiones y, aunque al principio pueda asustar, puede suponer un refuerzo a la hora de compartir con alguien un bienestar personal que aprendió antes a sentirse a gusto en soledad que acompañado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario