A veces perdemos el
rumbo, la noción del tiempo, del espacio y de la identidad. Olvidamos que el
sentido depende de aquello que para nosotros lo tiene y no siempre de aquello a
lo que nos estábamos dirigiendo. Algunos lo llaman "crisis existencial",
otros "malas rachas"… y lo que pasan por alto es que esas son las
rachas en las que más creatividad y abanicos de opciones vamos a ser capaces de
abrirnos. ¿Hacia dónde ir? ¿Junto a quiénes caminar? ¿Cuándo empezar? ¿Qué
buscar? Hacemos cuestiones que resumen el temor que sentimos antes de descubrir
o de decidir. Tantas son las posibilidades y tanta la indecisión que, al final,
es la comodidad la que acaba matando nuestros verdaderos deseos.
Todo es misterio. Nos
cuesta aceptarlo. ¿Por qué nos ahoga? Nos resistimos a dejarnos sorprender. Paremos de hacer
preguntas y de perseguir siempre respuestas. Las respuestas más ansiadas las
tenemos nosotros mismos a base de responder interrogantes con acciones. ¿Qué
es verdad? ¿Qué es mejor? ¿Por qué y para quién? Ansiamos controlar la
evolución de todo y el pensamiento de todos e, intentarlo si quiera, es
completamente inútil. Somos más conocedores de lo que imaginamos. Olvidamos que
siempre nos será más útil perseguir 'lo que sentimos que necesitamos' frente a
'lo que pensamos que queremos'.
No hay comentarios:
Publicar un comentario