Tengo dos teorías acerca de los chicos y su
comportamiento escapista ante una posible relación. No ofrezco la solución a
nada y esto puede, reconfortar a algunos, y traumatizar a otros. ¿Queréis
saberlas? Seguid leyendo. ¿No queréis? Huid como ellos.
La primera reflexión me la aportó
una amiga más mayor que, con experiencia y más paciencia que un santo, me convenció: “Si
a un chico le gustas, le gustas desde el principio.” Difícilmente hay vuelta de
tuerca. Si un chico puede llegar a tener algo contigo, en la mayoría de casos lo sabe desde el primer día en que queda contigo, tras el primer vistazo y las
primeras conversaciones. Probablemente nosotras también lo intuyamos, pero
podemos cambiar de parecer con mayor facilidad por detalles más sensoriales. ¿Sabéis
qué creo? Que partiendo de ahí, cualquier esfuerzo por llamar la atención de un
chico al que no se la has llamado desde un principio, es malgastar tiempo. Los
que me conocen saben que apuesto por dejar claro que tenemos interés en
alguien, a esa persona, por lo poco que tenemos por perder. Pero sí que tenemos cosas y
tiempo por perder cuando nos esforzamos en excesivo por algo que no nos
corresponde. Si algo he aprendido con el tiempo (siendo consciente de que aun
me queda mucho por aprender) es que, cualquier sobreesfuerzo por
nuestra parte puede suponer un mero recordatorio para la otra parte, pero no
mayores logros. Por eso es importante, en este terreno, saber abandonar un objetivo en un momento dado y no llegar a torturar nuestra mente ni agotar la ajena. Ya sabéis… a
veces “más vale una retirada a tiempo que una batalla perdida”. O como dijo
Cervantes “El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro
sobrepuja a la esperanza.” Y sí, el peligro muchas veces somos nosotros mismos
cuando, en forma ya de obsesión más que amor (como decía la canción), asumimos
una conquista más ya como reto que como algo que creamos que realmente es buena
idea seguir persiguiendo.
Ahora, la otra
teoría… Una que no podía confirmar por falta de modelos pero que, un amigo, en una noche
de hablar y razonar, llegó a corroborarla: “Los chicos se asustan antes que
darse tiempo a sentir.” Es la típica situación en la que parece que todo va
sobre ruedas pero, de repente, la historia se acaba o desaparecen en combate. Sobre unos solo voy a hacer mención porque no merecen mucho mi respeto: aquellos que tienen interés hasta que consiguen su objetivo (de usar y tirar). Me centraré en los otros. En esos que, seguramente, si permaneciesen bajo “la presión que sienten” en esa ilusión del
principio, llegarían a sentir más de lo que pueden creer, por alguna de las
chicas a las que han dejado pasar. En este caso, algunos sienten peligrar su libertad y temen ligamos que a veces confunden con cadenas. Otros, se ponen el reto pero, esta vez, en forma de mujer. O sea, llegado ese
punto en el que la chispa está a punto de encender la mecha, despistan su objetivo inmediatamente, con otra, como vía de escape a sentimientos más profundos por la que ya están conociendo. Caprichoso, y bastante cobarde también. Me preocupa seguir tropezando con
historias así porque son buenas, pero igual de buenas que efímeras, y eso acaba
transformándose en más vacío que lleno o en alguna situación indeseada. A la larga, no tengo claro si alguien
gana en ese caso. Y es que chicos, no sé si quiero, pero quizás algún día os acordáis de alguna de nosotras (y si es demasiado tarde, me voy a cagar en todo).
En definitiva,
creo que cualquier chica que esté leyendo esto puede sentirse identificada con
alguna de estas teorías y, si no, sentiros afortunadas pero estad preparadas
para poder llegar a experimentarlo. De acuerdo, no es algo para lo que uno pueda prepararse pero, llegado el momento, sí que podemos rehuir de la sensación de culpabilidad porque alguien decida no
querernos de la misma manera en que nosotros lo hacemos. Eso no va a hacer que
esquivemos el dolor o la sensación de caída o fracaso... pero va a ayudar a que evitemos infravalorarnos. Soy consciente de que es fácil decirlo y menos sentirlo pero, a veces, no hace falta buscar culpables ante algo sobre lo que solo el
corazón y su des-sincronismo entienden... nos parezca más o menos acertado o mejor o peor oportunidad para empezar algo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario