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lunes, 6 de enero de 2014

Magia

Dicen que por arte de magia no pasa nada y que todo es ilusión. Los niños nos dan lecciones en cuanto a eso y nos recuerdan que la ilusión es abrir una vía hacia la felicidad. Que, creer en magia, no significa ser más ignorante que quien decide aparcarla por edad, sino más imprescindible en la sociedad; cada vez más. Solo hace falta reformular el concepto en sí. Y es que, mientras los niños juegan a ser mayores, hay algo que no imitan y es la incredulidad. Ese poner pegas todo lo que pasa por la cabeza del vecino, esa poca esperanza de que sucedan cosas que no esperamos… Inconscientemente, aquel que mantiene ilusión por cualquier mínimo detalle, contiene algo imprescindible para un mundo tan diverso y, bajo mi opinión, maltratado y devaluado como este. 
A los adultos nos encanta jugar con la magia y reírnos de ella: “Si incluso los Reyes Magos acabaron siendo los padres…”. Es lo más fácil, no creer en nada ni en nadie. También algo triste. Nos alejamos de cualquier tipo de esperanza desorbitada porque estamos demasiado acostumbrados a la decepción. Envidian y anhelan la niñez aquellos que desisten de la sorpresa y se olvidan de encontrar, al menos, una de ellas cada día. Y las hay. Por eso creo que es tan importante sorprender y dejar que otros lo hagan. Un regalo, una compañía, un lugar… un detalle. Con la misma energía podemos romper hoy el papel de regalo de unos calcetines de invierno o el sobre de una carta, que con la que, tiempo atrás, desenvolvíamos la Game Boy Colour o cualquier otro juguete con el que nos pasásemos toda la noche soñando.
Ninguna sorpresa deja indiferente. Debemos saber apreciar detalles minúsculos como si fueran los más grandes, porque probablemente lo sean. Incluso aquellos que hoy se quedan sin regalo pueden recibir alguno mejor que no pueda meterse en una caja ni envolverse con papel. Aquello que nos gustaría alcanzar, o que alcanzaremos aunque lo desconozcamos, es lo que mantiene la ilusión y lo que frena el pensamiento de que el mundo esté podrido por completo. La magia está en la cabeza de cada uno y en nuestra capacidad de sorprender y de sorprendernos. Quizás, magia, sea solo eso: ilusión, pero exista... porque a mí no me engañan, esa no son los padres.

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