Páginas

Translator

viernes, 29 de junio de 2012

Vida / Muerte


No hay vida sin muerte, no hay muerte sin vida... palabras antagónicas y una fina línea que las distingue, cuestión de un instante. ¿Hasta dónde es vida? O, ¿es seguro que no hay vida con la muerte? Todo un misterio que nos abruma a veces hasta llegar a temerlo, y es que lo que se nos escapa de las manos, aquello a lo que no encontramos una explicación exacta y convincente o aquello que se nos muestra limitado, nos ahoga. Los humanos somos reticentes ante lo incontable, pero aun más ante lo abstracto. Pretendemos controlarlo todo y a veces perdemos el control de lo más importante, nuestra existencia (al menos de la que somos conscientes).

Asumimos la vida como algo meramente positivo, igual que no llamamos “regalo” a lo dañino. Pensamos de la vida que debería ser feliz en ella misma y cuando se nos presenta alguna adversidad en forma de problema, enfermedad o derrota nos preguntamos “¿Por qué a mí?”, como si cualquier detalle negativo llegase de un mundo ajeno al nuestro con la única pretensión de jodernos la extraordinaria vida. Y así es, nos jode y el paraíso, en un abrir y cerrar de ojos, se convierte tan solo en un nombre que nosotros dimos a la perfección que, aun a sabiendas de que no existía o que era absolutamente relativa, nos pasamos nuestra existencia buscando. La felicidad en sociedad está en lo imperfecto y no es una adquisición perpetua sino un momento concreto o una sucesión de estos. Quizás, como suele decirse, tampoco habría momento feliz sin otro infeliz que nos ayudase a diferenciarlos, a percibirlos y de nuevo ir a buscarlos. Igual que no hay vida sin muerte por final y no estaremos tranquilos mientras sigamos avanzando hacia ella sin asumirla sin más.

Sin llegar a ser totalmente conformistas, hay que asumir lo bueno y malo como pasajes de la vida. Hay que saber ganar y también perder, y algún día perderemos la batalla todos pero ahora toca ir ganando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario