El otro día, en una terraza cercana a Sagrada Familia, tres amigos hablábamos sobre regalos. Uno de ellos decía sentirse mal cuando alguien le hacía un regalo. No le gustaba porque sentía que ese regalo estaba hecho con una intención oculta como trasfondo: crear vínculos más fuertes entre el que regalaba y el que lo recibía. Como si de un plan perverso se tratase, su inconsciente sentía rechazo hacia cualquier tipo de regalo porque, a partir de ese momento, se sentía presionado a devolver el aprecio y tiempo dedicado a pensar en él que la otra persona le demostraba a través de ese detalle.
Las
otras dos personas le discutimos la idea que tenía. De hecho, confieso que la
idea, en parte, me ofendió. Bajo mi punto de vista, cuando regalas algo a
alguien no exiges ningún compromiso mayor al que antes tenías con esa persona. Ni más atención ni mucho menos que te lo devuelvan a modo de otro regalo, sino
que ese regalo se hace, de hecho, por lo que te unía a esa persona hasta el
momento tal y como te unía. Un regalo en el presente como obsequio de un
pasado. Un bienestar presente y pasado sin tener que pretender reafirmarlo para
que se prolongue en un futuro.
Generalizando,
a todos nos gusta, en mayor o menor medida, recibir muestras de cariño, y más
si provienen de las personas por las que nosotros sentimos cariño, pero si el
sentir cariño por alguien no es tan siquiera una elección personal, mucho menos
puede ser una exigencia hacia otro, sería absurdo. De esa manera, creo que es algo opcional y que un
regalo puede agobiarte momentáneamente con pensamientos como: “Jolín, qué
detalle, yo nunca he pensado en regalarle nada.”, “Jolín, qué detalle, a mi me
gustaría regalarle algo pero nunca se me ocurre qué…”, etc, pero no rallarte
hasta el extremo de convertir ese cariño o ese, simplemente, haberte apetecido,
en una tortura o una estrategia. No, un regalo ¡no tiene por qué tener gato
encerrado!
Entonces
pensé que, si un regalo le generaba angustia y sentía que pretendía atarle en
cierto sentido a otra persona… Que le contasen un secreto, ¿le generaría la
misma angustia o incluso más? ¿Sería un secreto un regalo? Pues bien, no, no le
generaba angustia porque le generaba morbo. Y ahí se derrumbó un poco la teoría.
En principio, que alguien te cuente un secreto ya no es que pretenda unir más,
sino que, en primer lugar, inevitablemente crea unos vínculos de confianza que
te hacen partícipe de algo más íntimo que un “simple” regalo. Pero “para gustos
los regalos” y él prefería el regalo morboso.
Creo
pues que: La angustia que puede llegarnos a generar un regalo se debe más a
prejuicios y paranoias nuestras. Que somos tontos porque detrás de un detalle
hay un sentimiento bonito en todo caso, sea en forma de regalo-abrazo o de
regalo empaquetado, por poner algún ejemplo. Y que somos unos morbosos (y quizás por eso mismo hayas accedido a leer todo esto).
Un secreto es algo que nos mantiene en el centro de interés de alguien!!!^^
ResponderEliminarpq todo el mundo necesita saber ;)
Un BeSSSiToOo*