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martes, 10 de diciembre de 2013

En distancias cortas, somos más útiles

Tanta pobreza económica hay en el mundo, como emocional. Mirad a vuestro alrededor e incluso a vuestra maldita cara larga de algunas mañanas sin aparente motivo. Es algo que debemos tener en cuenta a la hora de ayudar. Empezar cambiando eso, es algo imprescindible de cuyo progreso solo podemos notar efectos en las distancias cortas. Digamos que, la clave del éxito en la ayuda, no está tanto en el fin como en el proceso. El fin puede conseguirse a través de un parche puntual pero, el proceso, conlleva cierto contacto emocional que puede servir de guía para alcanzarlo, y ser menos caduco.
La conversación que compartí el otro día fue gratificante y hablaba de compartir. La impotencia por no poder poner remedio a muchas de las injusticias de las que, día tras día, somos conscientes por distintos medios, nos frustra y hace sentir prescindibles. A menudo, fijamos la vista demasiado lejos, en entornos que, aun siendo parte de nuestro planeta, no acaban de pertenecernos según dónde nos encontremos. Entornos en los que podemos ser menos útiles e imprescindibles que si decidimos priorizar algunos límites. No descartar pero sí priorizar.
Nos empeñamos en enviar dinero a África, por ejemplo, mientras a nuestro alrededor, constantemente, hay personas en situaciones mejorables que, la pidan o no, necesitan ayuda. Ese euro que donamos y que no sabemos ciertamente a quién llega ni qué parte de él lo hace, me parece más interesante que se traduzca en un abrazo, un bocadillo a medias, una educación o una conversación reconfortante. Ya sabéis eso que se dice de qué “hay cosas que el dinero no puede comprar”… sin embargo, esas cosas, son las más útiles y esperadas. No se trata de hacer demagogia ni seré yo la que me oponga a ningún tipo de ayuda, sea la que sea, pero me parece tan o más importante empezar haciéndolo por algo más alcanzable. Importante e inteligente, ya que la ayuda es más directa e inmediata. No está mal invertir, pero mejor es compartir y que la satisfacción pueda ser doble.
Por todo ello, es más útil que, individualmente, fijemos objetivos más cercanos. Y que, si algún día nos apetece y podemos permitírnoslo, vayamos a África y compartamos dinero, salero, educación, experiencias y amor. Del mismo modo, que cada cual que pueda aportar algo, empiece a hacerlo con su entorno y vaya de menos a más. No abarcar sin, primero, embarcarse. Al fin y al cabo, por mucho que nos hablen del mundo entero, solo conoceremos una parte de él y, nuestro mundo, acabará siendo el conjunto de entornos y de seres en y con los que hayamos convivido. Son esos los que, aparte de exponernos a situaciones reales y aportarnos una valoración objetiva, pueden necesitarnos más y hacernos realmente útiles en muchas ocasiones.

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